Los Dragones de Lavapiés somos un equipo, dentro y fuera de la cancha.

Si discutimos y nos peleamos, perdemos tiempo en los entrenamientos, nos enfriamos, nos desconcentramos, el entrenador se despista, los padres se ponen nerviosos y se impacientan…

Si desobedecemos a l@s entrenadores y cada uno va por su lado, también perdemos el tiempo y perjudicamos a  los demás.

Mejor contar los chistes antes o después de entrenar. Recuerda que los graciosillos pueden resultar pesados.

Para enterarnos mejor de lo que nos interesa (partidos, ropa) lo preguntamos antes de los entrenamientos, o cuando acaben. O esperamos a lo que nos digan las madres, padres o entrenadores.

Si no te gusta que te insulten, tampoco insultes tú a tus compañeros.

Antes de enzarzarte en una pelea, piensa que puedes hacer daño y que te lo pueden hacer a ti.

Y piensa sobre todo en los demás, en el equipo.

Si te insultan, sé paciente. Cuenta hasta diez y respira hondo.

Si discutimos y nos peleamos en otros campos, pregúntate qué pensarán los demás de los Dragones de Lavapiés.

El detergente y el suavizante huelen muy bien. Pero el sudor de varios días pegado en la camiseta….

La ropa es tuya, y tú debes cuidarla y mantenerla limpia, o prepararla cada semana para que la lave quien se encargue de la ropa en casa esos días.

Cada uno somos como somos, y así hemos nacido: guapos o feos; gordos o flacos; de piel clara o de color. Si nos reímos de los demás, olvidamos que los demás también pueden reírse de nosotros, y que podemos herir sus sentimientos. Eso no se le hace a nadie, y mucho menos  a otr@ dragón.

Nos pondremos muy serios si se insulta a alguien por su raza, su religión, su país de origen o su aspecto físico.

Cuidado con las bromas. Hay veces que se dicen las cosas sin mala intención, pero con palabras que pueden hacer daño. Mejor no nos metemos en líos.

Los Dragones somos deportivos, nunca jugamos sucio. Porque no queremos que nadie lo haga con nosotros.

Saludamos siempre al equipo rival, antes y después de los partidos. Les felicitamos si nos ganan,  les animamos si salimos vencedores.

Vamos fuertes a por el balón, pero nunca entramos a hacer daño. Si nos lo hacen a nosotros, entrenadores y árbitros se ocuparán.

Como no insultamos, no respondemos tampoco a insultos malintencionados.

Y, sobre todo, los enfados que tengamos durante el partido se quedan en la hierba, se nos olvidan cuando suena tres veces el silbato del árbitro para poner el punto final por ese día a la fiesta del fútbol.

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